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miércoles, 25 de marzo de 2015

Chocolate frío


Esta semana comparto contigo una idea un tanto asquerosa que me parece que no podré escribir en el periódico, así que aprovecha la exclusiva. La idea me la dio mi amigo Eduardo, un grande en todos los sentidos, que siempre que le veo me deja una ginquestion así que aprovecho para dedicarle la entrada.

En un momento filosófico del fin de semana me explicó su teoría de la caca fría. Sí, caca, por decirlo finamente. Según él, la caca fría se parece mucho al chocolate (textura, color…). Así que, para evitar confusiones, recomienda que cuando defeques en una esquina y aún esté caliente y huela, en ese momento en que la acabas de echar y es inconfundible, aproveches que para alejarte lo más rápido posible del pastelón. Porque si estás cerca cuando se enfríe, corres el riesgo de olvidarte de lo que es y pegarle un bocao. No te preocupes, no es que mi amigo le de a la coprofagía, esto es sólo una metáfora que el comparaba con las exparejas. Cuando lo dejas con tu pareja, te vas de un trabajo o te deshaces de algo que te hacía daño, es el momento de aprovechar que la cosa está caliente, que te acuerdas de todo lo malo, para alejarte de ello. Porque si no pones suficiente distancia, cuando la cosa se enfríe te olvidarás del daño que te hacía y corres el riesgo de volver a pegarle un bocao y llenarte la boca de esa caca de la que ya te habías librado. 

jueves, 29 de enero de 2015

El sufrimiento es un juego de atención

Mis primos de Valencia, a los que aprovecho a dedicar la entrada, siempre me hacen reflexionar.  El otro día hablando con Rafa sobre lo complicadas que son algunas situaciones en la vida me dijo una frase que aún estoy saboreando: el sufrimiento es un juego de atención.

Si nos ponemos literales, eso del dolor no es más que un sistema de alerta, una alarma que enciende el cuerpo para decirte: chaval, hay algo que no va bien. En principio parece un sistema bastante útil para que pongas remedio a algo que tu cuerpo no puede hacer por sí mismo. Te duele el tobillo y por lo pronto lo dejas de apoyar, así no te lo rompes más. Además, tarde o temprano te vas a un médico a que te haga algo para que no duela, lo que suele ser curarlo. El problema es que aunque te pongan una escayola y tú ya hayas hecho todo lo que está en tu mano, o en este caso tu pie, para curarte, el cuerpo te sigue avisando y el dolor no se va. Es como si la alarma de tu coche se tirase pitando 3 días después del robo. Esto, aparte de ser algo poco útil, molesta bastante, así que le pedimos al señor o señora médico que nos recete algo para que no duela o al mecánico que desconecte el pitido.


El problema viene cuando el sistema de alarma no tiene que ver con lo físico o lo material sino con lo emocional. Pongamos que te deja tu pareja. Estarás de acuerdo en que eso duele bastante, a veces hasta llega a ser un dolor físico. Es tu mente gritando a todo pulmón que no quiere que te dejen. Lo normal es pasar por las fases del duelo desde la negación (esto no está pasando) hasta la aceptación (ah, sí, salíamos juntos), pero esto ya lo dejo para otra entrada. El caso es que una vez has evaluado la situación, has visto que se ha acabado  y te has escayolado el corazón para que se recupere, ya no queda más que esperar. Pero mientras esperas el dolor puede ser bastante insoportable y aquí es donde entra la frase de mi primo. Lo siento, no hay analgésicos para este tipo de dolor, el alcohol es una opción a corto plazo que suele acabar con llanto a las 6 de la mañana y resaca al día siguiente. Así que aquí vamos a tener que jugar a otra cosa, te propongo que juegues al juego de la atención. Tu cabeza, que no se ha enterado de que tu pareja no te quiere, se empeña en recordarte todo el rato lo genial que era para que intentes volver. Un poco como una madre encariñada con su yerno. Así que el truco que te propongo esta semana es que desvíes la atención. ¿Cómo? Dándole otra cosa en que pensar. Un libro, un videojuego, deporte, conversaciones con amigos, etc… cualquier acción que requiera que participes activamente pensando. De esta manera tu cerebro estará ocupado y se olvidará de dolerte. Lo bueno es que esto vale para cualquier dolor del corazón: soledad, decepción, pena… Ojo, esto no te curará, no es más que un analgésico emocional, pero facilita bastante la recuperación.  Pruébalo y me cuentas.

miércoles, 9 de julio de 2014

El Plan Tokio


Ayer estaba hablando con una amiga que últimamente no está teniendo muy buena suerte ni ella ni su entorno. La pobre va de sacudida en sacudida, emocional se entiende, y tratando de echar un cable se me ocurrió la idea que hoy te traigo: el síndrome de Tokio.

Por no extenderme demasiado, digamos que la vida, tan bonita como complicada, de vez en cuando te sorprende con un terremoto, seísmo para los seistas, que remueve todo lo que tienes dentro a nivel emocional. Aunque nosotros sólo veamos las consecuencias (calles partidas, edificios derrumbados, etc…) del epicentro, las causas suelen tener origen en partes más profundas de uno mismo, el hipocentro vamos. Igual que pasa con la naturaleza, algunos de los terremotos se pueden preveer con mucha antelación, como la vuelta a casa después de una estancia larga en el extranjero, o con menos margen, como el fin de una relación. Y algunos nos pillan completamente por sorpresa y entonces, a todos los daños, hay que sumar la estupefacción y la falta de preparación.

En cualquier caso, si te ha pasado, sabes de que estoy hablando. Con un poco de suerte, has tenido “sólo” uno de estos desastres. Te habrá tocado hacer sonar las sirenas, llamar a los bomberos y ver las ambulancias corriendo de un lado a otro. Vamos, un show que te deja la patata (el corazón) patas arriba durante un tiempo. Pero a veces la vida va más allá y parece que vives en medio de la falla del pacífico con un terremoto tras otro sin poder recuperarte entre temblor, réplica y siguiente temblor como le pasa a mi amiga. Ante eso, el plan de emergencia convencional se queda algo corto así que empecé a buscar soluciones y se me ocurrieron 3.

La primera, podríamos llamarla el Plan Texas. Como sabrás, en esa región del país más evolucionado del mundo son típicas las sillas eléctricas y los tornados, ¿quién no ha visto Twister con la vaca volando? Cada año tienen la temporada de los tornados como aquí tenemos la temporada de naranjas sólo que éstos primos ventosos de los terremotos son más indigestos. Y tú te preguntarás, ¿qué hace la primera potencia mundial para evitarlo? ¿Construyen casas de piedra como el cerdito mayor? Pues no, no hacen nada, se hacen casas de laminas de madera finita y que, a juzgar por como vuelan, no deben estar muy bien clavadas, y cuando viene Catrina todo son llantos. Un par de semanas de hambruna y a reconstruir otra vez la casita de papel. Bueno, yo no soy experto en seguridad ciudadana pero me parece que este plan no me mola mucho.

La segunda opción es el Plan Mallorca.  Éste viene de la mano de los alemanes, que hartos del mal clima de su región y de comer salchicha (porqué no decirlo), ahorran toda su vida para venirse a vivir a España, que seremos pobres pero vivimos mejor que nadie. Así que otra opción que tienes ante tanto terremoto es hacer las maletas y trasladarte, al fin y al cabo, no todo el planeta es falla. No parece mal plan, si puedes aplicarlo. Y es que a veces tu casita está construida con tu familia, amigos y otro sin fin de cosas que no quieres abandonar a pesar de los terremotos.

¿Y entonces qué puedes hacer? Pues se me ocurrió la tercera opción, el Plan Tokio. Dándole vueltas pensé que había gente que conseguía vivir en zonas de terremotos y ser muy feliz. ¿Cómo lo hacen? Pues después de tirarse un tiempo quitando escombros y reconstruyendo rascacielos, a esta gente de ojos rasgados se les ocurrió: ¿y si hacemos edificios que no se caigan con los temblores? ¿Y eso cómo se hace? Pues mientras los demás estaban empeñados en hacer cimientos más sólidos para evitar que el edificio se moviese, a ellos se les ocurrió que el secreto para no romperse era precisamente lo contrario. Si intentas resistirte a una fuerza mucho mayor que tú, al final te acabas por romper, mientras que si lo que haces es bailar con esa fuerza, aunque te mueves mucho más, consigues atenuar el impacto y evitar el daño.

Cuando le conté a mi amiga mi idea (para ser sincero, sólo hizo falta mencionar la ciudad para que entendiese el concepto), le gustó mucho y quiso probarla pero me preguntó “¿y cómo aplico yo el Plan Tokio en mi vida?  Porque una cosa es construir edificios y otra es hacer frente a las emociones.” La verdad es que me volvió a dejar pensativo y después de darle unas vueltas me he dado cuenta de que ella misma tiene la respuesta: tiene unos cimientos sólidos pero móviles. Ante toda la avalancha de emociones que está recibiendo estos días, ella es capaz de fluir, llorar cuando tiene que llorar, estar alegre o enfadada según el momento, moverse con el terremoto. Ella no se resiste, no niega los hechos, no intenta estar alegre por todos los medios ni ser optimista de cara a la galería. Pero a la vez, controla sus oscilaciones para que el edificio no vaya de un lado a otro de la calle. Vive las emociones negativas pero es capaz de volver a las positivas cuando tiene motivos en un vaivén que atenúa los temblores. Y además de todo esto, tiene un plan de emergencia muy claro, sabe que en el momento que tiembla el suelo, no es momento de decidir nada, es momento de protegerse y esperar a que pase. Pero a la vez es capaz de proyectar los planes para el futuro sin dejar que el pánico la domine. Y como resultado de todo esto, aunque el mundo se derrumbe a su alrededor, ella es capaz de seguir adelante, con algún que otro mueble en el suelo y los papeles derramados por toda la oficina, pero nada que no se pueda recoger en un par de mañanas.

Así que, después de todo lo que he pensado, sólo le queda decirle una cosa a mi amiga: sigue haciendo lo que haces, que lo haces muy bien. Ah, y darle las gracias por inspirar estas ideas que seguro que ayudarán a más tipos y tipas con suerte.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Fraternité


Ayer estaba viendo un documental sobre la última gira de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, documental que por cierto te recomiendo. En un momento dado Sabina, que si no es un tipo con suerte por lo menos es un tipo que se lo pasa muy bien en la vida, dijo: Hoy en día se habla mucho de libertad e igualdad pero muy poco de fraternidad.

Internet, esa maravillosa herramienta que te permite acceder a toda la información del mundo para que acabes mirando vídeos de gatos, nos ha permitido ponernos en contacto unos con otros y saber qué pasa por ahí. Eso ha hecho que la gente de algunos países se dé cuenta de que hay otros sitios dónde hay más libertad y empiecen a reclamar la suya. También aquí mismo se habla cada día de la libertad de expresión en las redes sociales, de la libertad de prensa e incluso de la libertad que quieren regular con la nueva ley de seguridad ciudadana. Vamos, que se habla mucho de libertad, aunque sólo se hace del enfoque libertad-derecho y dejamos un poco de lado la libertad-capacidad que comentábamos en el blog.

Por otro lado, hoy en día vivimos tiempos difíciles, muy difíciles. La famosa crisis, que parece que lleva toda la vida y que aún se va a quedar un rato más, ha hecho que mucha gente lo esté pasando muy mal. Y cuando la gente lo pasa mal, tiende a compararse con los que no están tan mal y a pedir igualdad. También vivimos en una sociedad cada vez más consciente de la injusticia laboral por razón de género o discapacidad. Así que mucha gente se suma al movimiento para pedir la igualdad entre hombre y mujer y por supuesto, de los discapacitados. Total, se habla mucho de igualdad, lo cual por cierto, me parece genial. Aunque aprovecharé para lanzar una idea, ¿y si en vez de hablar de igualdad a secas, hablamos de igualdad de oportunidades?

Sea como sea, son dos conceptos que están en el debate de la sociedad, como dice el poeta de la voz rota, se habla mucho de libertad y de igualdad. ¿Pero qué pasa con el tercer valor de la revolución francesa? Pues me da la sensación que no se habla de ello cuando podría ser la solución a estos problemas. La fraternidad se entiende como la amistad entre hermanos o quienes se tratan como tales. La fraternidad trata de la ayuda, la confianza y el apoyo de unos a otros. No sé a ti, pero eso me parece algo como mínimo interesante y bastante práctico para momentos difíciles. Ya hemos hablado mil y unas veces de que, sin olvidar la felicidad propia, el mundo funcionaría bastante mejor si también nos preocupásemos de la felicidad ajena. ¿Te suena la idea de sinergia? Pues también tiene que ver con la fraternidad, juntos somos más. Y es curioso que siendo un concepto tan potente éste de la fraternidad, haya quedado en el olvido. No se habla de la cantidad de gente que se está apoyando. No se habla de los que abren su casa a los familiares y amigos desahuciados, no se habla de los vecinos que dan comida ni de los compañeros de clase que con 5 añitos comparten bocadillo. Todo eso está pasando y no se habla de ello. Y tampoco se habla de todo lo que se podría conseguir con la fraternidad. No se habla de que el simple hecho de contar con los amigos y familiares ya te hace sentir mejor y no se habla de cómo, tratándonos como hermanos (hermanos adultos, que ya sabemos que de niños nos peleamos todos) podremos construir algo mejor. Vamos a hablar de fraternidad porqué si lo conseguimos, el resto vendrá solo porqué los que se tratan como hermanos se tratan como iguales y respetan la libertad del otro. 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Año nuevo chino


Lo que más me gusta del año nuevo chino es que siempre me pilla desprevenido. Te levantas un día de febrero y te dicen que es fin de año en China y tú te lo tienes que creer porque, como yo, no tienes idea del calendario oriental. Ya que nos ponemos, te diré que una amiga que ha vivido allí me ha contado que el calendario se basa en las fases lunares y cae entre enero y febrero,  por eso no coincide con el nuestro. También me ha contado que si tienes suerte y tienes amigos chinos que te invitan a la fiesta podrás tirar petardos, participar de la entrega de sobres rojos (el dinero más comunista) y comer los fideos de la suerte (cuanto más largos, más suerte) y los 12 raviolis (sus 12 uvas).  ¡Y lo mejor es que todo esto es fuera de programa!

Esta idea me hizo reflexionar y creo que podemos aplicar este concepto a otras cosas de la vida. Hace un tiempo hablamos de ser detallista, de como una pequeña cosa puede generar muy buen rollo y traer mucha suerte, que es por lo que escribo cada semana. ¿Y si le añadimos el factor sorpresa? Està muy bien hacer un regalo de cumpleaños, unos bombones por San Valentín y una rosa por San Jordi, de hecho, más allà de si es comercial o no, creo que estas cosas también generan buen rollo. ¿Pero que pasa si regalas una rosa mañana? ¿Y si pruebas de decir "te quiero" o reconocer el trabajo de un compañero sin venir a cuento?

Hacer las cosas por sorpresa tiene un punto mágico (si me permites la cursilería). Cada emoción tiene una función específica y la sorpresa no podía ser menos. Nuestro coco, que está pensado para sobrevivir, cuando ve una cosa que le sorprende pone toda su atención para determinar rápidamente si hay que huir o acercarse. Si te fijas, cuando te sorprendes todo el cuerpo se para, suben tus cejas y abres bien los ojos para ver mejor y también oyes mucho más. Por eso, cuando sorprendes a alguien, consigues captar su atención. Además, al ser inesperado, el cerebro lo identifica como algo nuevo y se olvida por un momento de los prejuicios. Si alguien que te cal mal hace algo bueno por ti, le empiezas a ver de otra manera, te cae mejor. Por último, la memoria a largo plazo funciona por repetición o por emoción. Cuando sorprendes a alguien, estás generando una emoción y si además le gusta, ya tienes dos emociones, eso hará que la persona se acuerde del detalle por mucho tiempo.

Mi primer año nuevo chino fue un regalo de un compañero de erasmus. Antes de volver a su país me regaló una camiseta de la selección de México y me pilló por sorpresa. El detalle me encantó y me hizo cambiar mi visión al darme cuenta de que él realmente me apreciaba. Es un detalle que no se me olvidará nunca y que fue el principio de una gran amistad que me ha llevado a visitar el país del tequila.

No hace falta esperar a la fecha señalada para hacer, decir  o dar una cosa buena; si es buena, no te la guardes.  Así que hoy quiero dar las gracias a Roberto por su detalle y a Raquel por compartir conmigo su experiencia china ¿Te apuntas a practicar el año nuevo chino?

jueves, 3 de abril de 2014

kilometraje incurrido


En contabilidad se utiliza un principio que dice: Los gastos ya incurridos no deben afectar a la decisión futura.

Estoy seguro de que te has quedado con la misma cara con la que me quedé yo cuando me lo contaron. Algo así como: ¿mande? ¿Lo cualo?

No te asustes, la idea es tan sencilla como práctica. Pongamos que se te rompe el coche, un coche que te costó 3.000 € de segunda mano. Vas al taller y te dicen que la reparación cuesta 1.000 €. Como el mecánico es amigo tuyo y no te quiere sacar la pasta (ya se, cuesta de imaginar pero haz un esfuerzo), te comenta que tiene un coche igual que el tuyo que funciona perfectamente y te lo vende por 800 €.

Así, por un lado tienes la opción de arreglar el tuyo por 1.000 € o tener otro igual que funciona por 800 €. La decisión parece clara, ¿no? Pues resulta que la cosa no es tan clara. Muchas veces, en vez de pensar que por 200 € menos, puedes tener lo mismo que tenías, te pones a pensar que en el otro ya te has gastado 3.000 y que es una pena perderlos. Total, lo acabas reparando.

¿Te suena? Quizás no te haya pasado con el coche pero si te ha pasado con otras cosillas. Llevas toda tu vida estudiando para químico y de pronto te das cuenta que lo que te llena es dar clase de pintura. O llevas 12 años de piano en el conservatorio y de pronto te das cuenta de que lo que te gusta es arreglar motos. Aunque no quiero sonar a tópico, tengo dos buenos amigos, uno ingeniero y la otra alta ejecutiva, que se dieron cuenta de que lo que les llena es la música y la psicología respectivamente. ¿Y sabes lo peor? Se dieron cuenta cuando ya estaban metidos hasta el cuello en sus trabajos. Así que lo primero que les vino a la cabeza fue: con todo lo que he invertido para llegar aquí, ahora tengo que seguir adelante.

Sin pensarlo dos veces, se iban a reparar su coche pero por suerte se lo pensaron mejor. Es cierto que llevaban mucho tiempo y dinero invertido en algo, pero resulta que ese algo no era lo que les iba a hacer felices. Se iban a gastar una pasta en reparar el coche para que siguiera sin funcionar del todo. Así que por un momento se olvidaron del camino andado hasta ese día y se preguntaron: ¿qué quiero para mi futuro? Dejaron de ver de dónde venían para preguntarse a dónde querían ir y se dieron cuenta de que para llegar allí tendrían que cambiar de carretera.

Evidentemente, cambiar de destino supone dar más vuelta. Cierto. Si ibas dirección Madrid-Lisboa y viras hacia Sevilla (que ahí hay más guasa), la ruta en el mapa no tendrá mucho sentido. Te preguntarás ¿para que he cogido esta autopista dirección oeste si quiero ir al sur? La respuesta es sencilla, antes querías ir a la capital lusa y ahora ya no te apetece.

También te dirás: ya que estoy a mitad de camino, mejor sigo para Portugal. Y entonces es cuando te invito que te pares y te digas en voz alta: ¿quiero bacalao o quiero pescaíto frito? Y si lo que de verdad te apetece es una tapa de pringá con su vino dulce, no lo dudes, para el coche y busca la ruta más directa para Sevilla. Por que de aquí a 3 años, cuando estés en el bar Las Columnas, te alegrarás de no haber tenido en cuenta los kilómetros ya incurridos.

miércoles, 8 de enero de 2014

Los Juegos del Hambre


Lo prometido es deuda y la entrada de hoy se la prometí a una de esas personas que te enseñan que para ser amigos no hace falta verse todos los días. Va per tu Maica!

¿Y qué le debo a Maica? Pues un poco de risoterapia post-Navidad.

Sólo hay algo peor que el empacho masivo de las Navidades, que seas argentina y te coincida con la operación bikini.

Pero no te preocupes, aunque seas del mismo Montreal y estés a menos 34 grados, la tripa turronera no la escondes ni con 4 jerséis, dos abrigos y un edredón. De plumas. De ganso. Prehistórico. ¿Y que esperabas? Llevas mes y medio jugando a los juegos del hambre.

Para el que no los conozca, estos juegos consisten en un maratón de comidas, cenas y fiestas por etapas. El ganador es el que llega a enero con hambre. De ahí lo de los juegos del hambre.

Primera etapa: La contrareloj

La cosa empieza en con las cenas de Navidad. En septiembre… con eso de que tienes que hacer una con cada grupo: los compañeros de curro (para el que lo tenga), los compañeros sin el jefe (que es un pesao), los compañeros-que-te-caen-bien, los amigos del cole, los amigos del insti, los amigos de la uni, el equipo de futbol de los martes, el equipo de basket de los sábados, las de la clase de yoga, pilates y spining… ah, y con los amigos de Facebook, ¿no? Ah no, que esos no son amigos. Todo eso con parejas y sin parejas, claro.

Total, que a mitad noviembre ya has probado todos los menús de navidad, las tapas,  y si te descuidas, hasta un hindú (con las de yoga, claro). Sin embargo esta es la parte light en cuanto a comida. Como todo el mundo está tieso con eso de la crisis, los menús suelen ser baratos y poco abundantes. Eso sí, ¡que no falte bebida! Esta etapa es una contrareloj para pillarse una papa con gente con la que no has hablado más allá del buenos días.¡Todo antes de que se acabe el vino! Aquí entran los jugadores de la copa más llena (mi copa es siempre la más llena, bien porque la relleno, bien porque se la robo a otro) y los bebe culos (el típico tío que se deja el abrigo en la silla y vuelve al restaurante para beberse el culito de vino de todos los vasos que queden). De estas cenas siempre sale una buena anécdota de la que, con un poco de suerte, no eres protagonista.

En esta fase ya empiezan a caer los primeros jugadores. El alcohol causa estragos en los estómagos que les harán perderse próximas etapas.

Segunda etapa: Puertos de montaña

Ahora empieza lo bueno: las comidas de Navidad. Antes de seguir quiero aclarar que cena de navidad es aquel evento en el que te reúnes con un grupo de gente para beber alrededor de una mesa (ya sea de día o de noche). Mientras que las comidas de navidad son los eventos en el que te reúnes con TU FAMILIA para beber alrededor de una mesa (ya sea de día o de noche).

El primer puerto varía según la zona, pero podríamos decir que es noche buena. Como es el primer puerto llegas con toda la energía. Vienes las ganas de todo el año de comer cosas que sólo se cocinan en Navidad (¿por qué? pues porque a la abuela no le da la gana de estar cocinando todo el año). Lo difícil de este puerto es que llegas con todo el ímpetu y corres el riesgo de olvidar que estos Juegos son una prueba de fondo. De resistencia. Pero te da igual, comes como si no hubiera un mañana. Como estrenando estómago.

Como ya vimos, este es quizás el puerto más difícil, pero con la carrerilla lo terminas. Y entonces llega el siguiente, Navidad. Y después, San Esteve (para los Catalanes). Para los que tenemos la suerte de tener familia madrileña y catalana, pal día 26 ya llevamos 3 puertos de montaña a las espaldas… bueno, en las barrigas. Entonces empieza una etapa de hibernación hasta fin de año.


Tercera etapa: Resistencia

Después de hibernar crees que ya has superado lo peor. Te vuelves a sentir con fuerzas e incluso con hambre. Así que coges tu bicicleta y te vas para fin de año. La cena, aunque abundante, suele ser más asequible que el trío de navidad. Pero esta es una prueba de resistencia etílica. Así como en las cenas de empresa tenías que beber antes de que se acabase, para fin de año ya sabes que no te lo vas a acabar. En la mesa hay cerveza, vino y cava para llenar una piscina olímpica. Y después te espera una botella que tienes a medias más las copas de la discoteca.

¿Pero te controlas? Nooooooo. ¿Aún sabiendo que te queda la comida de primero de año? Nooooo. A ti te da igual, tu has venido a beber de tu libro. Así acabas, bebiéndote la enciclopedia Espasa (para los más jóvenes: el Internet del pasado sin chat y en papel).  Y por la mañana toca levantarse (si te has acostado) y llevar tus restos a la mesa familiar. Resistencia al alcohol y resistencia a las críticas son las claves de esta prueba.


Cuarta etapa: La guinda y el pastel

Esta etapa tiene dos partes. La guinda: que es la comida de Reyes. Y el pastel: que eres tú. Porque, sintiéndolo mucho, ha llegado el momento de ver los resultados de los juegos del hambre. Como llevas 3 días buscando regalos como un loco y hace 6 de la última comilona, se te ha olvidado todo lo que te has zampado. Se te ha olvidado hasta que te has intentado poner los pantalones nuevos que te han traído los reyes y no han pasado de las rodillas. ¡Enhorabuena! ¡Estás como una vaca embarazada!

Pero no te preocupes , ¡has sobrevivido a los Juegos del Hambre y te quedan más de 3 meses para la operación bikini!

miércoles, 1 de enero de 2014

¡Feliz año nuevo!


¡Feliz año nuevo!

Este año  2014 va a ser bueno, muy bueno, porque empieza en #miercolesdesuerte y eso es un buen presagio.

Como ya habrás visto, este año 2013 he sido un tipo con un poco de mala suerte (y donde digo un poco quiero decir mucha). A nivel laboral no he conseguido arrancar varios proyectos que tenía y los que han empezado no han acabado muy bien. A nivel salud empecé con un esguince que me ha llevado a ver más de una docena de especialistas diferentes y que sigue dando guerra. También me diagnosticaron alergia a un montón de frutas, a la lechuga (enserio, no es una excusa) y a algunos crustáceos. Lo que además de ser un rollo me puede costar la vida. La parte buena es que tengo una inyección de adrenalina que farda un montón :). Y en el resto de planos tampoco ha ido mejor.

Ante los obstáculos que me ha ido presentando el año he apretado el paso sacando mi mejor sonrisa para el mal tiempo. Si me he caído 7 veces me he levantado 8. Al más puro estilo Bob Marley. Hasta que llegó el momento de parar. Y es que en la vida hay veces que uno se tiene que bajar del autobús y esperar a que llegue el siguiente. Pero de eso ya hablaré en otra entrada.

Curiosamente parece que la vida se dio cuenta de que me había bajado y me echó un cable. No es que fuera el mejor cable, pero por lo menos me ayudó a romper con la dinámica y resetear la mala suerte acumulada. Así que decidí volver . Decidí que había llegado el momento de retomarlo. De volver a aportar el mundo. Y dos semanas después empieza el año en miércoles, como diciendo: si tío, dale duro.

Así que para la primera entrada he decidido poner mis propósitos para el 2014:

Quiero que seamos más tipos y tipas con suerte que aportemos algo a este mundo.

La forma que se me ha ocurrido es crear una Fanpage en Facebook en la que poder encontrarnos entre miércoles y miércoles. También dinamizaré un poquillo la cuenta de Twitter con trucos en 140 caracteres. Pero me da la sensación que eso no será suficiente, así que necesitaré tu ayuda. Si eres un tipo o tipa con suerte adicta a los #miercolesdesuerte, no te lo quedes para ti, compártelo que hay para todos.

jueves, 24 de octubre de 2013

La gota que colmó el vaso

Hace tres años decidí convertir una crisis en una oportunidad y empecé con este blog. La idea era ayudar a la gente a ser feliz y hacer felices a los demás y con esta filosofía he seguido hasta hoy. 

Estoy seguro que habrás notado que hace tiempo que no tengo suerte pero he intentado seguir adelante. Al mal tiempo buena cara. A proyectos que se caen, otros que empiezan… He usado todos los trucos que comparto contigo pero ayer se colmó el vaso.

Ayer fue miércoles de suerte, de mala suerte. Y ya llevo demasiados de esos. Así que he decidido darme un tiempo. Ya no soy un tipo con suerte. Ya no puedo escribir este blog. Por eso, dejaré de publicar entradas hasta nuevo aviso. La verdad es que no creo que se note demasiado, la mitad de mis visitas son de páginas de SPAM y la otra mitad no deja muchos comentarios así que no sé si hay mucha gente por ahí. De todas maneras dejaré el blog abierto por si te apetece ver todo lo que he escrito durante este tiempo.

Para despedirme, un poema. Escribo poesía, ¿no te lo había dicho?

La muerte de un tipo con suerte

Hace tiempo que no tengo suerte.
Hace tiempo que sonrío a desgana.
Hace tiempo que pretendo ser fuerte.
Hace tiempo, son muchas mañanas.

Hace tiempo que mi risa es forzada.
Hace tiempo que hago el Bob Marley.
Hace tiempo que no sale nada.
Hace tiempo que lucho por nadie.

He luchado contra pena y tristeza,
con la locura en duelos a muerte,
he luchado contra la pereza.

He intentado nadar en la fuente
pero hoy por fin ha pasado:
ha muerto un tipo con suerte.

Un abrazo tipos y tipas con suerte que me habéis acompañado hasta hoy.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Hay un camino por el cual...


Hay un camino por el cual yo acabo cenando con Elsa Pataky en Paris el día de Navidad.

Tengo un amigo, un tipo con suerte del que ya te he hablado y el cual ha hablado mucho en este blog, que tiene esta teoría. La teoría del camino.

Según él, hay una serie de pasos que si los sigues desencadenan unos acontecimientos que te pueden llevar al sitio que elijas. Cualquier sitio. Como una fórmula mágica para conseguir lo que sea. Hay un camino por el cual acabas siendo presidente de España. Hay un camino por el cual acabas comprando Apple. Hay un camino por el cual descubres la cura del cáncer.

Dirás que me he vuelto loco o que esto es un mentirusco de los gordos. Pero piénsalo bien. Realmente no es imposible que conozca a Elsa (pa abreviar). En tanto los dos existimos en el mismo tiempo y los dos podemos movernos en el espacio, la física nos dice que es posible que coincidamos en el mismo espacio-tiempo. Y, por qué no, eso puede ser Paris en Navidad. De la misma manera, alguien acabará comprando Apple y descubriendo la cura del cáncer (aunque no creo que se la misma persona). Ese alguien puedes ser tú. Por no hablar de lo de presidente de España, está visto que muy difícil no debe ser...

Todo esto es muy raro, ¿no? Pues para no liarte tanto nos quedamos con otro ejemplo más claro. Hay una forma de que te toque la loteria: comprando el billete que saldrá premiado.

¿Pero cómo lo consigues? ¿Cómo adivinas cual es el billete premiado? Pues ahí está la gracia, que no lo sabes. No sabes cual es el billete así que no sabes cuáles son los pasos que te llevan a comprarlo. Existe una serie de pasos que te llevarían a comprar ese billete, pero tu no los sabes ni los sabrás.

Pos vaya tontería, dirás. ¿Para qué me sirve ese camino si no lo conozco?

La verdad es que a efectos prácticos no te sirve para nada. Lo siento pero hoy no te diré cómo quedar con Elsa ni cómo hacerte millonario.

Pero esta teoría es una idea que me gusta mucho porque me recuerda que todo es posible y que, en gran parte depende de mi. Sé que es muy, pero que muy difícil que me toque la lotería. Pero podría pasar. Así que dónde los demás desisten, yo digo: Hay un camino por el cual lo consigo, !voy a buscarlo!

Y para que no te vayas de vacío te daré un truquillo. Si quieres que te toque la lotería tienes que comprar muchos números. Y eso en la vida se traduce en repartir mucho buen rollo y contagiar toda la suerte que puedas porque nunca sabes quien te venderá el billete premiado.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Parálisis por importancia

Después de casi 3 años de #miercolesdesuerte compartiendo contigo mis truquillos para ser feliz, hoy te voy a pedir los tuyos. Quiero conocer tus truquillos para evitar la parálisis por importancia.

Como ya vimos en la ventana de Johari, "las cosas" se pueden dividir entre las que sabes hacer y eres consciente (habilidades), aquellas que sabes hacer pero no eres consciente (habilidades ocultas), las que sabes que no tienes ni idea (debilidades) y las que te crees que dominas pero no (debilidades ocultas).

También vimos cómo gestionarlas y vimos que lo mejor que puedes hacer con tus habilidades es usarlas. Pero lo que no vimos es que podemos hacer cuando esas habilidades no funcionan. Cuando fallan.

Hace tiempo que he detectado que hay algunas situaciones en que me vuelvo completamente inútil con cosas que sé hacer. Por ejemplo, he intentado sacarme el carné de moto como 400 veces y media. Llevo más horas en la moto que Jorge Lorenzo. En las prácticas me hago el circuito sobre una rueda, la de delante. Pero llego al examen y los conos se vuelven más gordos que columnas de catedral.

O por ejemplo, digamos que soy una persona con bastante capacidad labial. Y no me refiero a que tengo la boca de Carmen de Mairena sino que eso de hablar se me da muy bien. Doy clase y he dado conferencias hasta en inglé gibraltareño. Pero voy a una entrevista de trabajo y parezco Sergio Ramos en Twitter.

Por no hablar del tema del amor. Sin ser un Don Juan, no se me ha dado mal eso de conocer gente. Como coach y como amigo, he ayudado a todo tipo de parejas a seguir adelante. Una vez conseguí emparejar a un pato con un castor (de ahí vienen los ornitorrincos). En mi CV tengo el aborto de un divorcio y varias reconciliaciones. He ayudado a más de uno y una a sentirse bien y lanzarse a conquistar a la persona que le gusta. ¡Si hasta me han llegado a proponer que haga cursos para enseñar a ligar! Y sin embargo, cuando conozco a una de esas medias naranjas con la que compartir mi vida, no sé ni por dónde empezar.

En esos momentos en que tendría que sacar lo mejor de mí, la presión me puede. Cuando estoy en modo 'un tiro un muerto', me tiembla el pulso. ¿Y si no lo consigo?  ¿Y si pierdo esto que me importa tanto? Me salgo de mí y soy incapaz de centrarme. Cuanto más me concentro, peor me sale

Después de darle muchas vueltas he visto que todas esas situaciones tienen algo en común, me importan mucho. Pero que mucho, ¿eh?

Sin querer adelantarme a tu opinión, me da a mí que esto huele a miedo al fracaso. Pero mejor espero a que me digas tú.

He probado a decirme eso de tío, pero si lo sabes hacer. Incluso he recordado todas las veces que lo he conseguido  antes. También he buscado opiniones objetivas que me apoyen. He probado con curanderos y hasta amuletos pero sigo sin carné, sin trabajo y sin novia.

Si me conoces sabrás que no es un problema de autoestima. De eso tengo pa empaquetar y distribuir en Mercadona.

Así que llegados a este punto se me ha ocurrido preguntar a otros tipos y tipas con suerte. Al fin y al cabo ya llevamos mucho tiempo compartiendo truquillos y estoy seguro que algo se te ocurre. ¿Me lo cuentas?

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Una sola acción


Este miércoles quiero compartir contigo una idea que he visto en una película: Piratas del caribe. Aprovecho para decir que me encantó la primera parte y que creo que nunca debieron hacerse las dos siguientes. Especialmente el momento “Dalí” en que Sparrow está en una playa de piedras. Pero eso lo dejo para las críticas y críticos de cine.

A lo que iba. Al principio de la película, Jack (Deep) salva a la chica y ésta intercede por él para salvarlo de la horca. El oficial que lo tiene preso le dice:

- Una acción no sirve para redimirte de una vida de fechorías.

A lo que Deep le responde:

- Pero sin embargo sirve para condenar a alguien.

Esta tarde estaba con un amigo hablando de lo humano y lo divino. Él me contaba que cada vez está más desilusionado con la vida porque ve que no se puede fiar de nadie, que hasta la gente buena hace cosas malas. Y entonces me ha venido Jack Sparrow a la cabeza y he pensado: el pirata tiene razón.

Si has decidido ser un tipo o tipa con suerte  y has empezado con esto del buen rollo, te habrás dado cuenta de que hay mucha gente que está trabajando por hacer un mundo mejor. Seguramente habrás visto con otros ojos a esos curanderos kármicos. Al final parece que saben algo.

La verdad es que eso mola porque eres más sensible al buen rollo. Sin embargo, sin querer también te vuelves más sensible al mal rollo. Cada vez te cuesta más aguantar a los… digamos mal nacidos que hacen este mundo un sitio peor. Cuando ves, oyes o lees sobre alguno de estos individuos lo sientes como algo personal. Tú estás intentando hacer las cosas bien y esos tipos te fastidian el trabajo.

Como te habrás dado cuenta, esto no mola tanto porque no te sientes muy bien y, sin querer te vas convirtiendo en juez de los demás. Y así llegas al siguiente paso, juzgar las acciones de los demás. No sólo te molestan las malas personas sino las malas acciones de la gente buena. De hecho la gente se divide en buenos, los que lo hacen todo bien, y malos, los que alguna vez han hecho algo malo. Y de pronto una sola acción vale para clasificar a alguien como mala persona. Sirve para condenarlo.

Así que esta semana te dejo una idea. Una semilla para que madures y llegues a tu propia conclusión: ¿Una sola acción convierte a alguien en mala persona? ¿Puede alguien bueno equivocarse? ¿Puede equivocarse mucho, pero que mucho, y seguir siendo buena persona?

Quizás podríamos juzgar a las personas por lo que pueden hacer, bueno o malo, no por lo que han hecho. ¿Y si damos un paso más allá? ¿Y si no juzgamos?

miércoles, 15 de mayo de 2013

Feedback


Hace ya tiempo que empecé con esta andadura de los miércoles. La idea era (y sigue siendo) compartir truquillos, anécdotas, teorías y risoterapia con un solo objetivo: aportar. Aportarte buen rollo a ti, que me lees los miércoles, para que te ayude a ser más feliz. Y a  la vez darte herramientas para que ayudes a otros a encontrar esta suerte que les haga felices. Y así crear un mundo donde las nubes sean de algodón de azúcar y las farolas sean piruletas. O si no llegamos a tanto, por lo menos disfrutar de esta vida, por si acaso no hay otra, y hacer disfrutar a los demás, que al final pa eso estamos.

Hasta ahora he escrito mayormente lo que me ha dado la gana. Siempre con ese objetivo de crear suerte a través de buen rollo, he hablado de filosofía de vida, he compartido trucos para ser feliz y he compartido contigo ejemplos de tipos y tipas con suerte. También ha habido tiempo para la risoterapia, ¿Se te ocurre una forma mejor de crear buen rollo? Incluso hemos experimentado con las emociones más "negativas" como el miedo y la pena.

Si el tema era controvertido o daba en la tecla de alguien, han llegado comentarios con opiniones de todos los gustos. También mucha gente conocida (aún no he conseguido que me paren por la calle por famoso), me han dicho que han leído esta o aquella entrada y que les ha gustado mucho. Alguno me ha llegado a pedir que le dedique una entrada, aunque debo decir que casi nunca funciona. Los tipos con suerte son obras y no buenas razones.

Y salvo estas pequeñas perlas que me vais dando de vez en cuando, no tengo demasiado feedback. Alguna vez alguien se estira y me responde a la encuesta al final de la entrada con un "me ha aportado algo" o un "no me ha aportado nada". Veo en las estadísticas que son bastantes los tipos y tipas con suerte que se conectan los miércoles a ver que se me ha ocurrido, pero siempre me queda la duda de si ha gustado y ha servido para algo la entrada de la semana. Veo que me lees desde América Latina y me queda la duda de si lo que digo acá aplica allá. Y también veo lectores de Europa, EEUU, incluso de Rusia y no puedo evitar preguntarme si entendéis todo lo que digo.

Aún queda mucho tipo con suerte en el tintero pero esta semana te toca hablar a ti. Quiero que me ayudes a seguir mejorando por lo que te voy  a pedir un favor:

¿Puedes decirme qué te trae aquí los miércoles y que es lo que no te gusta?

Y lo más importante,

¿De qué quieres hablar? ¿Hay algún tema pendiente?

Sólo tienes que ir al final de la entrada y clickar en comentarios. Si no tienes una cuenta abierta, selecciona anónimo ¡y a escribir! Si te da mucha vergüenza o pereza, solo di “eeooo”. Con eso entenderé que la cosa va bien :)

miércoles, 17 de abril de 2013

Truco para defecar cebollas


El truco de hoy lo voy a tomar prestado de una conferencia de Emilio Duró, un gran tipo con suerte.

No te asustes, no se trata de un truco para encontrar trabajo en un circo. Nadie va a cagar cebollas. Se
trata de una de esas obviedades metafóricas y escatológicas que tanto me gustan:

Si comes zanahorias, cagarás zanahorias. Así que si quieres cagar cebollas, lo mejor será que pruebes a comer cebollas.

¿Y eso que quiere decir?

Pues que si haces lo mismo de siempre, tendrás los resultados de siempre.

Por más que repitas 2+2 en la calculadora, el resultado siempre será 4. Si quieres un 5 vas a tener que probar algo nuevo.

Dirás que es una tontería. Sin embargo seguro que te ha pasado eso de que las cosas no salen como quieres pero te empeñas en seguir  intentando lo mismo. En seguir comiendo zanahorias...

"No sé porqué todos mis novios son unos tan tímidos. Este año vuelvo a la convención de autistas a ver si tengo más suerte..."

O "No he estudiado nada y me han cateado todas, a ver si tengo más suerte el año que viene. Eso si, no pienso estudiar..."

O, lo que he hecho yo: "He tirado más de 300 CV y no me llaman ni el tato. Voy a seguir enviando a ver si tengo más suerte."

Pues eso, que tu nuevo novio será tímido, suspenderás el año que viene y  a mi no me llamará ni movistar pa venderme un movil.

Así que hace unas semanas que he dejado las zanahorias y he empezado a comer cebollas. Y como diría un amigo: mucho se tiene que torcer la cosa para que no acabe cagando cebollas.

Si te animas, cuéntamelo. ¡Pero no hace falta que mandes las fotos!

miércoles, 3 de abril de 2013

Cal vols que dic


Cada lengua es diferente.

Pues claro. Pero no solo suenan diferente, sino que en la mayoría casos no puedes traducir literalmente una frase de un idioma a otro. El inglés va al revés del español y en el chino no hay abecedario sino que hay más de 8.000 símbolos cuyo significado varía según lo combines (como la Coca·Cola).

Eso hace que haya palabras específicas en un idioma, que no existen en los demás. Por suerte, puedes usarlas as far as (siempre que) la otra persona te entienda.

 Así que esta semana quiero enseñarte un concepto en catalán que te ayudará a tener más suerte: el verbo caler.

El verbo caler se utiliza en forma impersonal y quiere decir algo así como: hacer falta, ser necesario.

Por ejemplo: cal que vinguis = hace falta que vengas.

El verbo se suele utilizar en la expresión vols dir que cal? que significa ¿quieres decir que hace falta?

Por esas cosas tontas con mis amigos ha acabado por ser cal vols que dic? (que ni es catalán ni nada, pero es más divertida).

La expresión sirve para aquellas ocasiones en las que haces algo con muy poco beneficio para ti y que supone una faena para alguien más. La esencia está en que el daño que has hecho a otros supera a tu satisfacción. Eso no trae mucha suerte como ya vimos en las primeras entradas del blog.

Por ejemplo, estás de fiesta y le pegas una patada a un retrovisor (cosa que espero que no hagas muy a menudo). Mi amigo Oli diría: cal vols que dic?, ¿realmente hacía falta romper algo pa divertirse?

O te da por ligar con alguien que tiene pareja. Mi amigo Fiti te diría: ¿cal vols que dic joderle la vida a alguien si no estás enamorado/a?

O Valdés falla una parada cantada. Mi amigo Edu diría, ¿cal vols que dic hacer el partido de tu vida y fastidiar la eliminatoria en el último momento?

Lo que me encanta de esta expresión es que es una pregunta retórica pero abierta que viene a decir:

Me parece que podrías haberte ahorrado lo que has hecho. Pero eres mi amigo, así que en vez de decirte que me parece mal te pregunto que piensas tú y te apoyaré en lo que digas.

Aparte de ser una forma muy útil y poco agresiva de hacer reflexionar a cualquier amigo y traerlo a la senda del buen rollo y de la suerte; creo que puede ser un buen Pepito grillo propio.

Si te acostumbras a usarla te darás cuenta de que antes de hacer algo de dudosa ética, te aparecerá la pregunta en la cabeza: 

cal vols que dic? ¿Quieres decir que hace falta? ¿Realmente pienso que el beneficio que le saco yo compensa el mal rollo que le haré pasar a otro? 

Tu decides la respuesta. Pero te daré un truquillo, si te estás haciendo la pregunta, seguramente es que no vale la pena. Seguramente no cal.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Abriendo camino con mi compadre


Acostumbrarte a pensar en positivo hace que seas menos negativo.

¡Toma ya! ¿Qué te parece la frase? Además de algo obvia dirás que de dónde lo he sacado.

La verdad es que esto del buenrollismo, la psicología positiva, la homeopatía y demás siempre genera dudas. ¿Lo que me cuentan es verdad o no es más que un cantamañanas vendiendo crecepelo?

Por desgracia hay un poco de todo. Hay mucho chamán de todo a cien y también hay técnicas que funcionan muy bien. ¿ Cómo distingues entre el que te toma el pelo y el que aporta algo?

Pues es difícil. Los habemos que nos gusta mucho lo empírico y lo validado estadísticamente. Lo que está demostrado con hechos, vamos. Pero esos hechos no son más que observaciones basadas en nuestra percepción. Y si te fías solo de lo que ves creerás que no existen los colores infrarrojos ni ultravioletas. Así que, ¿pa qué engañarte? No tengo ni idea.

Y en este caos de ignorancia, mi compadre Fernando me sirve de referente compartiendo sus conocimientos. Él es científico de los que pincha ratas en el laboratorio. Una eminencia en arreglar cerebros a base de calambrazos. Nunca le he visto hacerlo pero siempre me lo imagino con una bata blanca, gafas redondas, pelo de punta y un par pinzas eléctricas enganchadas a una batería de coche viejo.

Volviendo al tema de pensar positivo (que hoy estoy más disperso que el apellido Pérez). Mi compadre me pasó un artículo muy interesante con la explicación científica de porque pensar positivo hace que seas menos negativo. Ahí va mi adaptación:

Pon que sales de casa y hay un metro de nieve. Coges tu pala y empiezas a abrirte camino hacia la farmacia, por ejemplo. Te cuesta un rato pero al final consigues tus aspirinas. Por la tarde tienes que ir a por leche y al salir te encuentras con dos opciones: coges la pala y abres camino hacia el super o aprovechas el camino y la compras en la farmacia. ¿Qué haces? Pues aprovechas el camino. Resultado, consigues la leche aunque es más cara y tiene que ser especial. De paso el camino se va ensanchando de tanto usarlo.

Pues el cerebro hace algo así. Cuando tiene que pensar algo nuevo, crea una conexión entre las neuronas, coge su pala y abre camino. Las siguientes veces que tenga que pensar, aprovechará el camino y lo reforzará. Eso hace que tengamos tendencia a pensar de la misma manera ante algo similar y lleguemos a conclusiones que no son siempre las mejores.

Durante toda la evolución, los seres humanos hemos aprendido a pensar mal y preocuparnos para que no nos coma un dientes-de-sable. De esta manera, el cerebro ha creado su camino en la nieve muy ancho y muy cómodo. Eso nos ha servido para llegar a nuestros días. Sin embargo, hoy en día los tigres están en el zoo y convivimos con personas con las que funciona mucho mejor el buen rollo. Así que ahora toca coger la pala y abrir un nuevo camino pa conseguir la leche más barata.

¿Cómo lo puedes hacer? El artículo plantea varios truquillos. El que más me gustó es muy sencillo:

Antes de dormir piensa en tres cosas concretas y buenas que te hayan pasado en el día.

 Al principio costará, pero si sigues al final construirás un buen camino al supermercado dónde encontrarás de todo. ¡Hasta un regalo para mi compadre al que aprovecho para felicitar y dedicar la entrada! (Fer, si me he equivocado de mucho, ¡no dudes en comentar!)

miércoles, 20 de marzo de 2013

Peor sería ser feo


Esta semana la entrada va de un tipo con suerte. Mala suerte. Muy mala suerte. Por el momento.

Después de currárselo mucho y a pesar de su notaza,  se quedó a las puertas de sacar la plaza que le habría dado dos años de trabajo. Y como las desgracias vienen de a pares, se ha puesto bastante malito. Así que podríamos decir que está teniendo muy mala suerte.

El otro día quedé con él y estuvimos hablando del tema y me dijo:

 "¿Sabes qué tío? Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que peor sería ser feo.

Mi enfermedad se va a curar. Si eres diabético, te tomas insulina y listo. Pero si eres feo no tienes nada que hacer. Te levantas todas las mañanas con la misma cara en el espejo y no puedes hacer na!"

Y me dejó pensando... Tiene razón. Más allá de lo políticamente correcto del comentario. Más allá de que ser feo es más una actitud que una apariencia. Más allá de que el físico no importa y, si importa, se va a un cirujano y santas pascuas. Más allá de todo eso. La esencia de su reflexión es genial.

Por un lado, estés como estés, siempre hay alguien peor que tú. No se trata de consolarse con eso ni de decir que tus problemas no importan. Se trata de no olvidarte que sigue habiendo cosas que agradecer. Que siempre te puedes comparar con gente que está mejor que tú, pero la mayoría de gente del mundo está peor (en gran parte porque no pueden leer este magnífico blog y por el tema del hambre, la guerra y esas cosas...).

Pero lo mejor de la reflexión de mi 'colega filósofo' es que su problema tiene cura. ¿Y sabes qué? Creo que la mayoría de problemas tienen cura. Puedes estar pasando un mal momento, el peor momento de tu vida. Y puede que el momento sea más bien un rato o incluso dos ratos. Pero no deja de ser algo temporal. Algo de lo que un día te reirás. Y aunque te guardes las carcajadas para dentro de unos años, igual ya se te empieza a escapar esa sonrisa que dice: no tiene ni puñetera gracia, pero la tendrá.